El miedo a los “innombrables”
Algunas reflexiones para comprender de dónde viene la creencia “si no podés nombrarlo, no deberías comerlo”.
Escuchamos muy a menudo, como parte de la consejería alimentaria, tanto por parte de influencers como de profesionales de la salud, que “si no podés nombrarlo, no deberías comerlo”.
¿Qué hay de cierto en esto?
Técnicamente poco. Podríamos decir que es una afirmación escasa de argumentos. ¿Acaso podemos determinar si un alimento o producto es más o menos saludable o adecuado por el nombre que lleva?
Pongamos un ejemplo: ácido ascórbico, cianocobalamina, colecalciferol, monóxido de dihidrógeno… todos nombres que no suenan sencillos, ¿verdad? Pero si decimos vitamina C, vitamina B12, vitamina D y agua, entendemos a qué nos referimos y nadie duda de la importancia de estos compuestos para nuestra salud. En realidad, estamos hablando de lo mismo: los primeros son los nombres técnicos usados en ámbitos profesionales, mientras que los segundos son las formas populares y cotidianas que todos reconocemos.
Por lo tanto, los términos serán difíciles de leer según el conocimiento o área de desempeño del lector. Y, así, esta premisa pone en jaque la anterior…
Miedo a los Innombrables: ¿creencia anclada a la quimiofobia?
Es probable que esta creencia de que lo que no puede nombrarse no debe comerse vaya de la mano con una tendencia actual: la quimiofobia.
La quimiofobia se define como el miedo irracional o prejuicio a los productos químicos. ¿Y por qué decimos que es irracional? Porque se basa en conceptos erróneos o afirmaciones exageradas sobre potenciales efectos dañinos de productos químicos, desestimando 4 aspectos clave que frecuentemente olvidamos y sobre los cuales no nos detenemos a pensar:
- "Todo es química a nuestro alrededor". Cada elemento de nuestro entorno - el agua que bebemos, el aire que respiramos, los alimentos que consumimos e incluso nuestro propio organismo - está compuesto por átomos y moléculas que interactúan siguiendo principios químicos. El agua es monóxido de dihidrógeno (H₂O); la sal de mesa es cloruro de sodio (NaCl); la vitamina C es ácido ascórbico, ya sea provenga de la fruta o de un suplemento sintetizado en laboratorio. Incluso, procesos "naturales" como la fotosíntesis, la digestión y la fermentación son, en esencia, reacciones químicas complejas. Entender esto nos ayudará a desarmar la quimiofobia.
- La peligrosidad de una sustancia química no depende de su origen (natural o sintético). Hay sustancias naturales muy peligrosas y sustancias químicas artificiales de muy baja toxicidad. Y, como dijo Paracelso “la dosis hace al veneno”.
- Cuán peligrosa es una sustancia para nosotros depende de cuán expuestos estamos a ella. Reducir la química a un sinónimo de "artificial" o "peligroso" sería ignorar que la vida misma es, en su forma más básica, un fenómeno químico. (*)
- Los alimentos que consumimos (en Argentina y en el mundo) responden a normativas alimentarias. Existen organizaciones y grupos de profesionales dedicados especialmente a evaluar la inocuidad y seguridad de los alimentos y productos alimenticios que consumimos. Es decir, existen mecanismos de control cuya función es minimizar los riesgos.
Salud y pensamiento crítico
No dejarnos llevar por la tendencia de la quimiofobia, depende de algo que, desde InfoAlimentos, promovemos activamente: trabajar en la lectura y el pensamiento crítico. Elaboremos sobre esto con algunos ejemplos.
Ejemplo 1
Pensemos por un momento que decidimos hacer nuestra propia huerta. La armamos en el jardín o en el balcón, la ponemos linda, plantamos las semillitas y esperamos…Empiezan a crecer nuestras plantitas…hermosas…las cuidamos y no vemos el momento de poder hacer uso de ellas. Vamos dispuestos a usarlas en nuestra comida y ¡sorpresa! Cuando vamos a cortar (la albahaca, por ejemplo) vemos que tiene alguna plaga. ¡Qué desilusión! ¿Qué hacemos? ¡Todo nuestro trabajo perdido! ¿Podemos vencer con algún producto el bicho o debemos resignarnos?
Ahora pensemos este mismo escenario en el campo…no hablamos de una maceta pequeña que nos dará un plus en nuestra cena... hablamos de alimentos para millones de personas… ¿qué costo implicaría esa pérdida? ¿Cuánto alimento se perdería? Si existiera una forma de evitar que eso sucediera… ¿no la querrías para tu macetita también? ¿No parece lógico que existan productos (extensamente evaluados y aprobados) para evitar la pérdida de miles de hectáreas de cultivos? Productos cuyos restos en los alimentos, en caso de que los hubiese, también son monitoreados y no representan un riesgo para la salud humana.
Es esta necesidad de reducción de desperdicios y de eficiencia en alimentar una población creciente lo que, en parte, impulsa a la búsqueda de sustancias que permitan conservar mejor los cultivos. Sin mencionar que éstas son estudiadas y se establecen dosis máximas de uso para que sean inocuas.
Entonces, ¿por qué tanto miedo? ¿Será por su nombre maquiavélico o porque desconocemos cómo funcionan y eso nos lleva a caer en algunas teorías tal vez un poco conspiracionistas?
Ejemplo 2
Muchas personas asocian el uso de aditivos a riesgos en la salud. Pero ¿qué hay del uso de éstos para asegurar la inocuidad alimentaria? Esta es otra de las tantas funciones que pueden cumplir los aditivos.
Tal es así que el ácido ascórbico y el sorbato (E-200 a E-203) se utilizan para inhibir el crecimiento de mohos y levaduras en quesos, panificados y bebidas. El benzoato de sodio (E-211), por su parte, es utilizado en bebidas y conservas ácidas para prevenir el crecimiento de bacterias, mohos y levaduras. Por último, los nitritos y nitratos (E-249 a E-252)
utilizados en fiambres, tienen una función que va más allá del color rosado característico: previenen específicamente el desarrollo de Clostridium botulinum, la bacteria responsable del botulismo, una intoxicación potencialmente mortal.
El uso de estos aditivos en las dosis reguladas previene intoxicaciones alimentarias, que representan un riesgo sanitario.
Por lo tanto, habiendo planteado estos dos ejemplos, la invitación que les hacemos es a la reflexión crítica.
Existe una creencia instalada en la sociedad actual de que “todo lo pasado fue mejor”. Lo vemos en lo que refiere a avances tecnológicos, como el uso de la IA y el pensamiento asociado de que tendremos generaciones “que no sabrán pensar/hacer” y lo vemos también en la añoranza de la cocina de otra época.
Es cierto, ya casi nadie hace ravioles caseros el domingo, porque puede comprarlos en la casa de pastas y ahorrarse horas de trabajo. Ya poco (permítannos afirmar “por suerte” en este caso) hacen mayonesas caseras, porque sabemos que la inocuidad del huevo crudo es cuestionable…Pero ¿eso significa que lo de antes era mejor? ¿O simplemente va de la mano con la evolución del conocimiento?
Asimismo, reflexionemos críticamente sobre la problemática de la salud actual relacionada a la alimentación. Es cierto, tenemos una pandemia de enfermedades crónicas como la obesidad, el sobrepeso, la diabetes y la enfermedad cardiovascular, entre otras. Pero ¿podemos decir que “la culpa” es del aumento de consumo de alimentos con aditivos solamente? ¿Qué hay de las horas que pasamos sentados sin movernos? ¿Y de las noches en vela o con sueño de mala calidad sostenidas en el tiempo? O del estrés que nos acompaña en nuestro día a día y de la practicidad que hace que no mejoremos la elección de alimentos y que no cocinemos. Y por qué no, ¿qué hay del consumo creciente de alcohol en la población (desde cada vez más jóvenes).
Todo esto va en detrimento de la calidad de vida. Pero para poder cambiar este escenario debemos trabajar en tres aspectos fundamentales: la educación alimentaria y de hábitos de estilo de vida permanentes, la flexibilidad necesaria para poder disfrutar del proceso y la lectura y el pensamiento críticos que nos permitan decidir de forma informada. Estas herramientas nos ayudarán a luchar contra miedos infundados que se diseminan rápidamente en la sociedad a través de los medios digitales.
(*) Debemos traer a colación en este apartado otra nota que está en nuestro portal: CUIDADO EN TU PLATO: cómo detectan y gestionan los riesgos alimentarios. Es fundamental que profesionales y consumidores conozcan la diferencia existente entre peligro y riesgo. Y esto se explica muy bien en esta nota. Pero para no extendernos demasiado y dejarlos que lean la nota con tranquilidad, sólo les vamos a spoilear que todo depende de la exposición.

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