Mi hijo come muy poco o rechaza muchos alimentos… ¿Debo preocuparme?


 

Por la Dra. Irina Kovalsky

Directora Médica de INUMI: Instituto de Nutrición y Metabolismo Infantojuvenil
INUMI es una de las instituciones que integran InfoAlimentos

 

 

Es una escena cotidiana en miles de hogares: un niño que solo acepta unos pocos alimentos, rechaza las verduras, tarda una eternidad en terminar el plato o parece no tener hambre. Frente a esta situación, es habitual que aparezcan la preocupación, la frustración y las dudas.

¿Es simplemente una etapa? ¿Le faltarán nutrientes? ¿Estoy haciendo algo mal?

La buena noticia es que la mayoría de las dificultades alimentarias forman parte del desarrollo infantil y pueden resolverse con un adecuado acompañamiento. Sin embargo, algunas situaciones requieren una evaluación más profunda para descartar problemas médicos o nutricionales.


Las dificultades alimentarias son mucho más frecuentes de lo que imaginamos

Se estima que entre uno de cada cuatro y uno de cada tres niños sanos presenta en algún momento alguna dificultad relacionada con la alimentación. A pesar de ser tan frecuentes, alrededor del 20 % no recibe un diagnóstico adecuado, lo que puede retrasar el tratamiento cuando realmente es necesario. 

Es importante entender que "dificultades alimentarias" no significa necesariamente que el niño tenga un trastorno alimentario. Se trata de un término amplio que incluye distintos comportamientos relacionados con la alimentación y que pueden tener causas muy diferentes.


No todos los niños que comen poco tienen el mismo problema

Existen tres grandes situaciones que los pediatras suelen encontrar.


El niño selectivo

Es el caso más frecuente.

Acepta solamente un grupo reducido de alimentos, rechaza probar otros nuevos y muchas veces elimina alimentos que antes consumía sin problemas. Es típico entre los 2 y 6 años y suele coincidir con una etapa normal del desarrollo en la que los niños buscan mayor autonomía y muestran cierta desconfianza hacia los alimentos desconocidos.

Esto no significa necesariamente que esté desnutrido.


El niño con poco apetito

En este caso el problema no es la variedad sino la cantidad.

El niño parece saciarse muy rápido, come pocas porciones y muestra escaso interés por la comida. En ocasiones puede estar relacionado con enfermedades, con etapas de crecimiento más lento o simplemente con un requerimiento energético menor.

Lo importante es evaluar si ese apetito alcanza para mantener un crecimiento adecuado.


El niño que tiene miedo a comer

Es una situación menos frecuente, pero requiere atención.

Algunos niños comienzan a rechazar los alimentos después de haber vivido una experiencia desagradable, como un episodio de atragantamiento, vómitos intensos o dolor al tragar. En estos casos, el rechazo no se debe a que no tengan hambre, sino al temor que les produce volver a comer. 


¿Cuándo una etapa normal deja de ser normal?

Muchos niños atraviesan períodos de mayor selectividad que desaparecen espontáneamente con el tiempo.

Sin embargo, existen algunas señales que justifican consultar con el pediatra:

• pérdida de peso o falta de crecimiento; 

• rechazo persistente de grupos completos de alimentos; 

• comidas que duran más de 30 minutos de manera habitual; 

• atragantamientos frecuentes o dificultad para tragar; 

• vómitos repetidos durante las comidas; 

• dolor al comer; 

• necesidad permanente de distraer al niño para que coma; 

• ansiedad o conflictos familiares importantes alrededor de la alimentación. 

La presencia de estas señales obliga a una evaluación más completa para descartar problemas médicos, nutricionales o del desarrollo. 

El crecimiento cuenta más que un plato de comida

Una de las primeras preguntas que hacen los padres es:

"¿Está comiendo lo suficiente?"

La respuesta no siempre está en lo que ocurrió durante el almuerzo.

Los pediatras evalúan la alimentación considerando el crecimiento a lo largo del tiempo. El peso, la talla y su evolución en las curvas de crecimiento aportan mucha más información que una comida aislada.

Un niño puede comer menos que sus hermanos y, sin embargo, crecer perfectamente porque sus necesidades son diferentes.

Por el contrario, un niño que aparentemente come "bien" puede presentar dificultades si deja de crecer adecuadamente.

Lo que los padres pueden hacer en casa

Muchas veces, con pequeños cambios en la dinámica familiar, la alimentación mejora considerablemente.

Las recomendaciones con mayor respaldo científico incluyen:

• mantener horarios regulares para las comidas; 

• comer en familia siempre que sea posible; 

• evitar pantallas durante las comidas; 

• ofrecer alimentos nuevos repetidamente, sin obligar al niño a comerlos; 

• permitir que participe en la preparación de los alimentos; 

• respetar las señales de hambre y saciedad; 

• evitar premios, castigos o negociaciones alrededor de la comida. 

Un aspecto muy importante es comprender que probar un alimento nuevo puede requerir entre 8 y 15 exposiciones antes de que un niño lo acepte. El rechazo inicial no significa que nunca vaya a incorporarlo a su alimentación. 


Lo que conviene evitar

Con la mejor intención, muchas familias terminan utilizando estrategias que aumentan el problema.

Entre las más frecuentes se encuentran:

• perseguir al niño por la casa con la comida; 

• obligarlo a terminar el plato; 

• cocinar un menú diferente para cada integrante de la familia; 

• ofrecer golosinas como recompensa; 

• convertir cada comida en una negociación. 

Estas conductas suelen incrementar la ansiedad tanto del niño como de los adultos y dificultan el aprendizaje de una alimentación saludable.

¿Siempre hacen falta estudios o suplementos?

No.

La mayoría de los niños con dificultades alimentarias no necesita estudios complejos.

El pediatra decidirá cuándo es necesario solicitar análisis de laboratorio o indicar suplementos nutricionales. Esto dependerá del crecimiento, la variedad de alimentos consumidos, la presencia de enfermedades asociadas y la sospecha de deficiencias nutricionales.

El objetivo siempre será lograr una alimentación adecuada por vía oral antes de recurrir a otras intervenciones. 

El trabajo en equipo marca la diferencia

Las dificultades alimentarias no siempre se resuelven únicamente con indicaciones nutricionales.

Dependiendo de cada caso, puede ser necesaria la participación de distintos profesionales, como pediatras, nutricionistas, fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales, psicólogos o gastroenterólogos infantiles.

Este enfoque interdisciplinario permite identificar las causas del problema y diseñar un plan individualizado para cada niño.

Un mensaje para llevar a casa

La mayoría de las dificultades alimentarias son transitorias y pueden mejorar con estrategias adecuadas, paciencia y acompañamiento.

El desafío consiste en diferenciar aquellas situaciones propias del desarrollo de las que representan un riesgo para el crecimiento, la nutrición o la salud.

Los padres no deben sentirse culpables cuando un niño atraviesa una etapa de rechazo alimentario, pero tampoco minimizar las señales de alarma. Consultar tempranamente con el pediatra permite identificar a los pocos niños que necesitan una evaluación más especializada y evitar que un problema inicialmente pequeño se transforme en una dificultad persistente.


Basado en: Saure C, Zonis LN, González Sanguineti X, Kovalskys I. Dificultades alimentarias en la infancia: una revisión narrativa. Archivos Argentinos de Pediatría. 2024;122(5):e202310200.