Pensamiento crítico y lectura crítica: herramientas clave en la era de la posverdad y la sobreinformación
Por María Dolores Fernández Pazos
Lic. en Nutrición: María Dolores Fernández Pazos
“Hace unos días comencé con molestias digestivas.Un poco de hinchazón después de comer y ciertas molestias.Nada grave, pero un poco molesto. Decido buscar en internet estrategias para mejorar mi alimentación y sentirme mejor.Al mismo tiempo, pido un turno con un especialista, para el que debo esperar 20 días.La búsqueda me arroja numerosas respuestas y bastante contrapuestas. De la mano de esto, la inteligencia artificial y los algoritmos hacen lo suyo y me aparece información relacionada, incluso en redes sociales.Y entonces me encuentro un poco perdido.No se bien cuál de todas las cosas que me aparecen debería creer. ¿Dietas restrictivas? ¿Jugos detox? ¿Ayunos larguísimos? ¿Agua con limón? ¿Vinagre de manzana?
Entonces decido quedarme con las restricciones de alimentos, aunque me parezca un poco severo, me parece “menos mágico” que los demás, y si me quiero sentir bien, algún esfuerzo habré de hacer. Intenté seguir algunas cuentas de médicos y nutricionistas, pero veo mensajes muy distintos y algunos muy difíciles de comprender. Además, Juan Perez, que tiene 3 millones de seguidores en redes pasó exactamente por lo mismo que yo y con este tratamiento no volvió a sufrirlo.Sus seguidores, a su vez, comentan lo mismo…será cuestión de probar un tiempo y esperar a que luego el profesional de la salud me diga cómo progresar.
Y entonces, llega el día de la consulta por fin. Le cuento al doc lo que hice y le digo que estoy lentamente mejorando. ¿Con qué me encuentro? Con un enojo que no esperaba.Hice todo mal, al parecer… “¿A quién se le ocurre buscar en internet?”, me dice. Y todo mi esfuerzo se derrumba, también mi autoestima.Ya no quiero hablar.Tomo el papel que me da con directivas, pero no me atrevo a preguntar.Tampoco me brinda ese espacio. Y me voy... sin un panorama demasiado claro...”
“Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia”, afirma el dicho.Y es que, en la actualidad, la comunicación en lugar de haber avanzado parece haber retrocedido.
¿Estamos cada vez más comunicados? Me permito ponerlo en duda. Pero si me atrevo a decir que no es por falta de medios tecnológicos para hacerlo, sino porque pareciera ser que hemos perdido (o no hemos desarrollado) habilidades de comunicación para este mundo actual.
Cuando hablamos de elementos clave en la comunicación mencionamos al emisor, el receptor, el código, el canal, el mensaje, la posibilidad de feedback y la existencia (o no) de los ruidos*.También sabemos que la comunicación puede ser verbal o no verbal. Pero, de unos años a esta parte, la irrupción creciente de la tecnología ha ido ampliando los medios para comunicarnos y esto ha hecho que el contexto se modifique.
En el ámbito profesional, y sobre todo en el mundo de los alimentos y la salud, los profesionales interactuábamos mayormente con personas que no tenían información disponible sobre lo que venían a consultarnos. Eso hacía que fuéramos nosotros quienes “tomábamos el toro por las astas”. Además, la comunicación se daba en un ámbito específico: la consulta. Por supuesto, también en medios de comunicación televisivos, radiales, pero con poco o nulo feedback. Nos comunicábamos con consumidores y/o pacientes.
En la era de la posverdad y la sobreinformación, en cambio, los profesionales de la salud y la alimentación nos encontramos con grandes desafíos al momento de comunicar ciencia.
Somos interpelados por consultantes (ya no pacientes) o prosumidores**, quienes cuentan con una infinidad de información disponible y con creencias arraigadas. Esto, en ocasiones, lleva a respuestas que son dadas desde la emoción y/o la reacción del profesional y el resultado no suele ser bueno.
Contextualicemos primero, brevemente, de donde venimos. El Modelo Médico Hegemónico en el que fuimos (¿somos?) formados tiene como parte de sus rasgos estructurales los siguientes: el biologismo, el individualismo, la ahistoricidad, la asociabilidad, la asimetría, el autoritarismo y la participación subordinada y pasiva del paciente, así como la exclusión del conocimiento del consumidor. (Menendez, E.L., 1988) Es decir, lo que hoy llamamos un modelo de déficit o verticalista:el que sabe transmite al que consulta, sin intercambios ni contemplaciones ni cuestionamientos. Esto determina la necesidad imperiosa de deconstrucción (palabra de moda si la hay, pero que amerita traerla en este momento) de los profesionales para evitar estos frecuentes choques generacionales y culturales que van en detrimento de una comunicación efectiva.
Sumado a esto, la situación de pandemia por COVID 19 acrecentó un fenómeno que ya venía sucediendo lentamente: la posverdad, donde tienen más peso las emociones, creencias personales y la identidad que los hechos objetivos y comprobables: la evidencia científica.
Podemos observar, entonces, la grieta que se ha generado: profesionales formados en un modelo verticalista que interactúan con población prosumidora que confía más en sus creencias y emociones que en la ciencia. Esto lleva a la caída en picada de la importancia que le da la gente a la evidencia científica y que The Lancet, en un artículo de publicación reciente, denomina “la paradoja de la confianza” (los invito a leer la nota en el portal).
Pero ¿quién dijo que todo está perdido?
Afortunadamente, aún hay mucho por hacer.
Desde la práctica en salud, la actualidad nos conduce a ir hacia un modelo con enfoque más motivacional, que busque empoderar a la persona y ponerla en el centro de su tratamiento. Tal es así que se promueve dejar de denominar a la gente “pacientes” y llamarlos “consultantes”, buscando la adquisición de este rol activo y protagónico. Asimismo, vemos también que las guías de práctica clínica de distintas sociedades científicas promueven modificaciones con el objetivo de no estigmatizar con diagnósticos a las personas que padecen enfermedades. Es decir, existe actualmente un movimiento “humanizador” de la salud que genera esperanza de cambio.
Por otra parte, cada vez más nos encontramos con profesionales que no sólo realizan capacitaciones personales en materia de comunicación, sino que se suman a espacios populares, como las redes sociales, adaptando el mensaje de la ciencia a dichos canales. Por supuesto, es un mundo donde conviven ciencia e intrusismos y donde el desarrollo de estrategias efectivas a la hora de comunicar, son fundamentales.
¿Y de qué se trata el enfoque motivacional?
El profesional que quiera adquirir este enfoque deberá entrenar algunas habilidades. Lo primero que deberá tener en cuenta es que el centro de la consulta es el consultante (que valga la redundancia).Para ello, deberá ocuparse de crear un espacio propicio para que el otro se sienta cómodo y pueda ocupar el rol que se espera de él.
Teniendo esto en cuenta, el profesional deberá adoptar una actitud contemplativa, evitando a toda costa demostrar autoridad. Deberá, entonces trabajar en una postura abierta, humilde y empática. También será necesario ganarse la confianza del consultante. Este paso es clave, sobre todo al momento de tener que romper con mitos que trae la gente. La confianza permitirá que se cuele la posibilidad de desarmar esa creencia, si la persona en la que confía le demuestra que no es verídico. Pero, para eso, se requerirá que el profesional trabaje en la paciencia y la tolerancia, como habilidades, sin enjuiciar lo que escucha ni desmerecer opiniones. De esta forma, disminuiría la sensación de culpa o fracaso, o incluso enojo, tan habitual en las consultas.
Un punto fundamental para trabajar al momento de deconstruir mitos o creencias es la emocionalidad y la reacción del profesional ante ellos. Debemos evitar discusiones o confrontamientos. Es común que pensamientos diferentes generen reacciones inmediatas o impulsivas en el profesional o en el consultante. Por eso, es importante “bailar con la resistencia” y aprender a guiar el pensamiento, brindando apoyo y sostén, para poder promover cambios sin confrontar.
Ya mencionamos que se trata de ubicar a la persona en el centro, empoderarla. Para ello, debemos alentar siempre la autosuficiencia y el autocuidado. Creer, confiar y hacerles creer que ellos pueden y que nosotros les daremos las herramientas, el acompañamiento y el aliento que necesiten. Para ello, en muchas ocasiones se requiere ser creativos, flexibles y curiosos, para adecuar e individualizar el acompañamiento.
Como en todo vínculo, la honestidad es fundamental, pero siempre manteniendo el mayor optimismo posible. Todos necesitamos ese empujoncito externo cuando pedimos ayuda.
Trabajar en estas habilidades ayudará a que la consulta promueva una mayor motivación en el consultante y su proyecto de cambio. Pero hay algo que no debemos olvidar y, que tal vez, es una de las cosas más importantes en la comunicación: mirar a los ojos, hablar despacio y utilizar un lenguaje amigable, no técnico. Esto demostrará que, efectivamente, queremos comunicarnos y ser comprendidos con y por el otro.
¿Y cómo trasladamos este enfoque al ámbito digital?
En el ámbito digital tenemos ventajas y desventajas.
Entre las ventajas, podemos mencionar el gran alcance que podemos tener, la inmediatez, la ubicuidad y atemporalidad, la reducción de costos, la interactividad y la gran visibilidad que nos permiten las redes.
Entonces, un mismo mensaje alcanzará a una gran cantidad de gente, en distintos lugares y distintos momentos, prácticamente sin costo y éstos podrán hacernos devoluciones según consideren.
Entre las desventajas, podemos mencionar las dificultades que podemos enfrentar a la hora de decidir cómo transmitir un mensaje, del que desconocemos el alcance que tendrá o cómo será interpretado; la inmediatez (los errores nunca pasan inadvertidos por este factor) y la infodemia o la infoxicación. Estamos atiborrados de información. ¿Cómo hacemos para resaltar la información que vale la pena?
Es acá donde me permito introducir una habilidad fundamental para promover y desarrollar en la ciudadanía digital: EL PENSAMIENTO CRÍTICO.
En un mundo donde la información abunda y donde la Inteligencia Artificial Generativa (IA-Gen) ocupa cada vez más espacios y es temida por algunos profesionales, el pensamiento crítico es el rasgo distintivo que todos necesitamos para sobrevivir.
¿Cómo sabemos si lo que leemos sirve? ¿Cómo entendemos si lo que le pedimos a la IA está bien hecho? ¿Cómo diferenciamos la evidencia científica que vale la pena de la que no? ¿Cómo sabemos si el producto que nos venden será efectivo?
Utilizando el pensamiento crítico, es la respuesta correcta. ¿Y de qué se trata?
Desarrollar el pensamiento crítico supone también de algunas habilidades. Nadie dijo que esto era fácil…
Es primordial, en primera instancia, entender cómo funciona la ciencia, qué es la evidencia, qué es el consenso científico y diferenciar éstos de opinión, creencia, testimonio e ideología.
Debemos también desarrollar la habilidad de identificar los sesgos cognitivos (propios y ajenos), es decir, errores sistemáticos que se producen cuando procesamos información e intentamos darle sentido. Reconocer nuestros sesgos nos permitirá no filtrar nuestra lectura ni tomar nuestras decisiones influenciados (completamente) por ellos. Reconocer los ajenos nos dará cuentas de qué estrategias ir utilizando y la velocidad en la que podemos avanzar.
Por último, es preciso ser capaces de identificar noticias falsas o información manipulada, así como identificar la pseudociencia. Para ello, podemos utilizar como guía rápida estos tips:
• Chequeá dónde se publicó el contenido
• Buscá la fuente
• Compará con otras fuentes
• Buscá quién es el autor
• Analizá el título
• Pensá con qué fin fue hecho el contenido
• Preguntate:
- ¿Es demasiado categórico para ser verdad?
- ¿Menciona un producto o alimento en particular con propiedades “mágicas”?
Entonces, teniendo en cuenta que la primera medida para ocupar bien los espacios en redes sociales es utilizar el pensamiento crítico, lo siguiente que podemos tener en cuenta para mejorar nuestros espacios son los siguientes consejos:
• Conocer a la audiencia y comprender la/las plataforma/s que utilizamos. ¡Qué tarea difícil! Pero no será lo mismo apuntar a una audiencia joven, que usa tik tok (o probablemente alguna app nueva que desconozco ya), que a una audiencia profesional en LinkedIn. El mensaje deberá ser construido de distintas formas.
• Comuniquemos más que datos. Cada vez más se habla del poder de las narrativas. Ésta fue tal vez la herramienta que ha hecho que los influencers “nos hayan ganado” de primera mano. La gente se vincula a lo que entiende como cercano, cotidiano. Se sienten identificados, comprendidos y no sólo le prestan más atención, le creen más. Así, es probable que la persona del relato inicial continúe haciendo lo que aprendió de Juan Perez, que vivió lo mismo que él, y no tome en cuenta las indicaciones que le dio el profesional de mala gana, sin comprenderlo ni escucharlo.
• Trabajemos en equipo (si es interdisciplinario, ¡mejor!) y seleccionemos voceros confiables. No todos podemos saber de todo y, ¿qué mejor que hacerlo en equipo? Hoy en día, construir prestigio lleva mucho tiempo, pero puede desmoronarse rápidamente con un mal mensaje. Y, como dije anteriormente, los errores son detectados y guardados rápidamente, por la inmediatez. “Nadie resiste a un archivo”, se solía decir.
• Aportemos contenido de valor, creativo, con lenguaje sencillo y un formato que sea adaptado a cada red. Seamos originales. No copiemos sólo tendencias. Intentemos destacar nuestro contenido, apuntado a nuestra audiencia. Crea tu propia impronta.
• Cuidemos cómo comunicamos la incertidumbre. No es bueno fomentar el miedo, la desesperanza o la frustración. Siempre mantengamos una dosis de optimismo y cierta cautela.
• Fomentemos y desarrollemos el PENSAMIENTO CRITICO. Seamos siempre educadores. De eso se trata.
La comunicación hoy, en la era de la posverdad, la sobreinformación y el intrusismo no es tarea sencilla. Requiere, sin dudas, que trabajemos de forma continua en nuestras habilidades y estrategias, tanto en el plano de la consulta como en la comunicación masiva. Si habitamos espacios públicos, hagámoslo con la responsabilidad profesional debida.
La lectura crítica y el pensamiento crítico son habilidades necesarias indiscutidas para poder seguir comunicando ciencia con evidencia.
*Ruidos en la comunicación: cualquier interferencia, obstáculo o perturbación que altera, distorsiona o impide que el mensaje llegue de manera clara y efectiva desde el emisor hasta el receptor. No se limita al sonido ambiental, sino a cualquier barrera en el proceso comunicativo.
**Prosumidor es un término acuñado por el escritor estadounidense Alvin Toffler (1980) para describir a los individuos que participan activamente en la creación y personalización de lo que consumen.
Referencias
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- Equipo editorial de Infoalimentos. La Paradoja de la confianza en la ciencia. Buenos Aires, 2026. Disponible en: https://infoalimentos.org.ar/873-la-paradoja-de-la-confianza-en-la-ciencia
- Equipo editorial de Infoalimentos. Sesgos Cognitivos: ¿Qué son y cómo mejorar nuestra forma de pensar? Buenos Aires, 2025. Disponible en: https://infoalimentos.org.ar/comunicar-ciencia/784-sesgos-cognitivos-que-son-y-como-mejorar-nuestra-forma-de-pensar
- Equipo editorial de Infoalimentos. Pensamiento Crítico para una mejor comprensión de noticias relacionadas con la ciencia, los alimentos y la salud. Buenos Aires, s.f. Disponible en: https://infoalimentos.org.ar/376-pensamiento-critico-para-una-mejor-comprension-de-noticias-relacionadas-con-la-ciencia-la-salud-y-los-alimentos
