Obesidad: la necesidad de un cambio estructural y social

En el mes de septiembre de 2023, distintas Sociedades Científicas publicaron un documento de consenso para el tratamiento de la obesidad en adultos en Argentina1. El documento define a la obesidad como “una enfermedad crónica, compleja, progresiva y recurrente, caracterizada por un exceso de grasa corporal disfuncional que perjudica la salud y el bienestar”.
La prevalencia es alta y creciente y se asocia con numerosas complicaciones. Es por eso que el tratamiento de la obesidad es una prioridad en temas de salud.
Si la obesidad es una enfermedad multifactorial, la “dieta” no puede ser el único enfoque de tratamiento. Es importante, como sociedad, comprender el estigma sustancial que enfrentan las personas con obesidad, eliminar los prejuicios y la discriminación y entender finalmente a la obesidad como enfermedad. Nadie es culpable. No es voluntaria.
“Del cuerpo de otro no se habla”, es el lema que cada vez se escucha más fuerte y que es preciso que incorporemos.
Algunas de las guías más recientes invitan a los profesionales de la salud a centralizar el tratamiento en la persona.
¿Qué pensaríamos como consultantes si nos pidieran permiso para hablar de nuestro peso? ¿Y si escucharan nuestra historia personal, para individualizar nuestro tratamiento?
Estas preguntas y las directivas que comienzan a aconsejarse en distintas guías de tratamiento son la consejería en nutrición y en la actividad física, el consensuar objetivos y hacernos parte de ellos, junto con el apoyo de diversos profesionales a lo largo de nuestro tratamiento.
Sumado a los pilares básicos que todos conocemos, alimentación saludable y actividad física, existen otros pilares del tratamiento que los profesionales expertos pueden sugerir: la atención psicológica o terapias conductuales (que apuntan a trabajar en cambios de conducta, manejo del sueño y estrés/ansiedad y psicoterapia), la medicación y/o la cirugía bariátrica. Las dos últimas deben ser evaluadas e indicadas, en caso de ser necesarias, por el médico tratante.
El Consenso de las Sociedades Científicas resalta la necesidad de un abordaje integral e interdisciplinario, individualizado. No perdamos el foco de lo más relevante: un abordaje centrado en la persona.
Repasemos algunos puntos importantes a tener en cuenta:
Abordaje nutricional
Si buscamos el descenso de peso o mejora de la composición corporal (disminuir grasa y mantener o aumentar músculo), encontraremos un abanico enorme de estrategias o herramientas para ello. Algunas tendrán evidencia y otras seguramente no. Por lo tanto, siempre es importante asesorarnos con profesionales. Lo que nos permitirá el descenso es el déficit calórico, es decir, comer menos calorías de las que gasta mi cuerpo. Esto se podrá lograr con un patrón alimentario basado en plantas, con una alimentación omnívora, con ayuno intermitente y con muchas opciones más. Lo importante es la planificación y que sea completa y saludable. Debemos buscar métodos que permitan mantener los logros a corto, mediano y largo plazo. Las grandes restricciones alimentarias suelen fallar en este punto.
“La adherencia es el principal factor predictor del éxito del tratamiento dietético de la persona con obesidad”, afirma el consenso. Para ello, es importante que se tenga en cuenta el comportamiento de cada persona al momento de comer, sus preferencias, valores y estado de salud.
En la alimentación son importantes: la calidad nutricional de los alimentos y el balance energético negativo, es decir, comer menos de lo que gastamos. Este último debe lograrse y ajustarse progresivamente, con el fin de lograr mayor adherencia, como ya dijimos. Se aconseja una restricción calórica moderada y progresiva y un aumento en el gasto de energía, a través de la actividad física.
Actividad física
Es una aliada para aumentar el gasto calórico y a mantener o aumentar la masa muscular, la cual permite disminuir grasa y mantener la pérdida de peso que se logre.
Diferenciemos dos tipos de actividad que necesitamos incluir en una vida saludable:
• Actividad física programada o Ejercicio Físico: la que se planifica, se estructura y se repite con el fin de mejorar o mantener la capacidad física. Se aconsejan 150 minutos semanales de moderada intensidad, como mínimo. Son tan sólo 50 minutos, 3 veces por semana, ¡Hacete el tiempo, tu cuerpo lo merece!
• Actividad física espontánea o no programada o no ejercicio, más conocida como NEAT (por sus siglas en inglés: Non-Exercise Activity Thermogenesis): es un concepto “moderno” al que debemos prestarle especial atención. Se trata de mantenernos más activos a lo largo de todo el día, ya sea permaneciendo parados, caminando, gesticulando, realizando trabajos manuales, subir escaleras en lugar de usar ascensores, sólo para mencionar algunas opciones. Esto “suele representar un gasto energético aún mayor que el vinculado al ejercicio, en un individuo promedio”1. Es decir, si me mantengo activo diariamente, me va a beneficiar tanto o más que hacer ejercicio. ¡Cambiar el tiempo de actividad sedentaria, por momentos de actividad no ejercicio es una gran estrategia! ¡Sumate!
Estilo de vida
Existe una realidad…si no cambiamos ciertos comportamientos o conductas, no lograremos los mejores resultados.
Por eso, resulta indispensable incluir estrategias conductuales con el objetivo de mejorar los comportamientos relacionados con el estilo de vida. Ejemplo de éstas son:
• Técnicas de autorregulación: orientadas al automonitoreo de la ingesta (registros alimentarios), de la actividad o el ejercicio físico (contadores de pasos, relojes inteligentes), medición de peso o composición corporal.
• Mindfulness o atención plena: ayuda en la disminución de la impulsividad, descontrol alimentario y los atracones en el corto plazo.
• Técnicas dirigidas al cambio de creencias: como terapias de aceptación y compromiso (ACT), terapias conductuales, etc. Estas ayudarán en la gestión de emociones (muchas veces relacionadas con el momento de comer).
• Uso de nuevas tecnologías: inclusión en el tratamiento del uso de sitios web, aplicaciones, relojes inteligentes, etc.
ES IMPRESCINDIBLE QUE EL TRATAMIENTO DE LA OBESIDAD SE CENTRE EN LA PERSONA, SEA INDIVIDUALIZADO Y SE LLEVE A CABO CON UN ABORDAJE EMPATICO Y HUMANISTA.
Como sociedad, es preciso colaborar en erradicar los prejuicios y estigmas hacia las personas con obesidad.
LA OBESIDAD ES UNA ENFERMEDAD Y NO ES UN ESTADO VOLUNTARIO. LAS PERSONAS NO SON OBESAS, TIENEN OBESIDAD.
UN POCO MAS DE ACTUALIDAD
En enero de 2025 la Comisión de Diabetes y Endocrinología de The Lancet publicó los nuevos criterios diagnósticos y definición de la Obesidad Clínica y su diferenciación de la Obesidad Pre clínica.
Se define a la obesidad clínica como una enfermedad crónica que afecta la función de órganos o del organismo debido al exceso de adiposidad (masa grasa), independientemente de la presencia de otras enfermedades relacionadas con el tejido adiposo. Es entonces aquella que presenta los rasgos observables en el individuo, compatibles con obesidad y a la que se le suman signos, síntomas de dicha condición (como agitación al caminar, dificultades respiratorias, trastornos de sueño) y/o limitación en actividades diarias (agacharse, subir escaleras, etc).
Por su parte, la obesidad pre clínica es aquella en la cual existen los rasgos observables en el individuo pero carece de signos y síntomas mayores y de afectación de órganos.
Toda persona que tenga Obesidad Clínica debería contar con acceso a un tratamiento adecuado (con fármacos o cirugía de ser prescripto por su médico tratante). Aquellos con obesidad pre clínica deberían por acceder al seguimiento y acompañamiento necesarios para evitar que la enfermedad progrese.
El Indice de Masa Corporal (IMC) ya no será la única medida para el diagnóstico, como fue hasta el momento de actualización. En el seguimiento individual, deberá determinarse el porcentaje de grasa corporal de forma directa (con balanzas que tienen esa función, por ejemplo) de ser posible o bien, sumar al IMC medidas como el perímetro de cintura, el índice cintura-cadera, etc. El IMC seguirá utilizándose a nivel de estudios poblacionales.
Referencias
- Ackermann M, Salinas MV, Torresani M et al. Consenso intersocietario para el tratamiento de la obesidad en adultos en Argentina. 2023. Act en Nutr. Vol. 24 Nro.3. Disponible en: http://www.revistasan.org.ar/pdf_files/trabajos/vol_24/num_3/RSAN_24_3_132.pdf
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CMAJ. Obesity in adults: a clinical practice guideline. 2020. doi: 10.1503/cmaj.191707
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Rubino, Francesco et al. Definition and diagnostic criteria of clinical obesity. The Lancet Diabetes & Endocrinology, Volume 0, Issue 0. Disponible en: https://www.thelancet.com/journals/landia/article/PIIS2213-8587(24)00316-4/abstract